Violencia física
La violencia física incluye golpes, empujones, patadas, quemaduras u otras agresiones que dañan el cuerpo. Es la forma de violencia más visible, pero no la más frecuente ni la única, y casi nunca aparece de manera aislada.

Generalmente, está precedida por otras formas de violencia, como la psicológica, económica, sexual, digital o el control coercitivo. Suele comenzar de manera gradual —empujones “sin importancia”, forcejeos, amenazas o intimidaciones— y puede escalar con el tiempo en frecuencia e intensidad.

En muchos casos, después de un episodio de violencia física, el agresor intenta culpar a la víctima, diciendo cosas como “tú lo provocaste” o “no quise, pero tú hiciste que pasara esto”. Este patrón de manipulación genera confusión, culpa y miedo, y dificulta que la víctima reconozca la violencia y busque ayuda.

La violencia física pone en riesgo la integridad y la vida de las personas, y es una de las principales señales de alerta en situaciones graves y feminicidio. Reconocerla a tiempo y comprender que forma parte de un patrón de abuso es fundamental para la prevención y la protección.

Ejemplos concretos

  • Golpes, empujones, patadas, quemaduras u otras agresiones físicas.
  • Episodios precedidos por amenazas, empujones o intimidaciones.
  • Culpar a la víctima: “tú lo provocaste” o “no quise, pero tú hiciste que pasara esto”.

Consecuencias

  • Riesgo para la integridad y la vida. Puede escalar a feminicidio si no se reconoce el patrón.
  • Confusión, culpa y miedo que dificultan reconocer la violencia y buscar ayuda.

Contexto migrante/legal

  • Señal de alerta temprana y prevención fundamental en contextos donde la víctima depende económicamente o tiene redes limitadas.