Mujeres migrantes y violencia de género
La violencia de género que viven las mujeres migrantes, en particular las latinoamericanas, sigue siendo un fenómeno poco investigado y escasamente visibilizado en los Países Bajos. No existen estadísticas públicas suficientes que permitan dimensionar la magnitud ni las características específicas de esta violencia.
Esta falta de datos no es neutral: contribuye a invisibilizar las experiencias de las mujeres migrantes y dificulta el diseño de políticas públicas con un enfoque interseccional.
Para muchas mujeres migrantes, enfrentar la violencia de género implica obstáculos adicionales. La distancia con sus familias y redes de apoyo, las barreras idiomáticas y culturales, el desconocimiento del sistema institucional y, en algunos casos, la dependencia económica o el estatus migratorio, hacen que la situación sea doblemente compleja.
Desde nuestra experiencia comunitaria, hemos recibido testimonios de mujeres que enfrentan prejuicios y discriminación al buscar ayuda. Por ejemplo:
- Se espera que puedan explicar su situación en holandés, aunque muchas veces esto resulta difícil debido a la violencia que sufren y a la carga familiar (hijos o hijas a cargo).
- Existen estereotipos que las retratan como “intensas” o “exageradas”.
- Se cuestiona su motivación para migrar, con comentarios como que se casaron con un hombre holandés solo para obtener permisos de residencia.
- Hay poca empatía o comprensión del contexto migrante, lo que a veces genera complicidad o indiferencia por parte de funcionarios cuando el agresor es holandés.
Además, muchas mujeres migrantes sufren violencia económica, al depender de sus parejas para subsistir, aun cuando en sus países de origen eran profesionales. Otras experimentan violencia psicológica, marcada por el aislamiento, la humillación y el control coercitivo, lo que afecta profundamente su autonomía y autoestima.