Violencia psicológica
La violencia psicológica es una de las formas más frecuentes y menos reconocidas de violencia de género. No deja marcas físicas visibles, pero daña profundamente la salud mental, emocional y la autonomía de las personas. Su objetivo es controlar, humillar, desvalorizar o aislar a la víctima a través del miedo, la manipulación y la intimidación.
A diferencia de la violencia física, suele ser sutil y progresiva, lo que hace que muchas veces no sea identificada ni por quienes la sufren ni por su entorno.
Esta forma de violencia suele convivir con otras y es una de las principales señales de riesgo en situaciones de violencia grave y feminicidio.
Ejemplos concretos
- Desvalorización: insultos, burlas, críticas constantes sobre el cuerpo, la inteligencia, la forma de hablar o las opiniones.
- Control y aislamiento: vigilancia del celular y redes sociales, prohibición de amistades o restricción del contacto con la familia.
- Gaslighting: manipulación de la realidad para que la víctima dude de su memoria, percepción o cordura.
- Amenazas y chantaje: amenazas de abandono, daño físico, quitar a hijas o hijos, o incluso suicidio por parte del agresor.
- Indiferencia o “ley del hielo”: ignorar deliberadamente como forma de castigo emocional.
Consecuencias
- Baja autoestima, ansiedad, depresión, estrés postraumático.
- Problemas de sueño, fatiga, somatización y en casos graves, pensamientos suicidas.
- Puede convivir con otras formas de violencia y ser señal de riesgo de feminicidio.
Contexto migrante/legal
- Especialmente grave en mujeres migrantes aisladas o con barreras lingüísticas y culturales.